domingo, 3 de febrero de 2013

Fear.


Lo que pensaste que ya no sentías, que ya habías rehuido totalmente de ello, acaba por dejar de ser un sentimiento, para ser una necesidad, que a largo o corto plazo vas a tener que cubrir. Dejar a un lado los patrones, las exquisiteces, el declinar ofertas, para adentrarse en un bucle de todo cerrado, sin salida, donde el consumismo va en cabeza, el pedir más, exigir más, sin importar la calidad, solo la cantidad. Para desquitarse, quedar a gusto con uno mismo, con el mundo, en paz con el alma interior, que corroe deseosa de salir a tomar el aire unos instantes, media hora, una semana, o perderse para siempre. 
Cuatro meses de encierros son suficientes para que se pida a gritos una solución, un giro total para remendar lo roto, coser las heridas a medio cicatrizar, que es lo que se necesita. Porque por mucho que lo intentemos, no se puede cerrar el capítulo sin un punto y final, sin un hasta aquí hemos llegado, sin levantarse del suelo, por mucho que se crea que se ha tocado fondo. Tocarlo implica volver a la cima, a la euforia de saber que hay algo detrás de todo, algo para seguir sonriendo en las mañanas de resurrección, algo que te provoca un estado de tranquilidad especial, y que haga que todo lo anterior no sea más que un borrón en las sábanas, un asterisco en la historia, el blanco y negro del flashback. No se puede explicar con palabras, solo puedes revivirlo una y otra vez en tu cabeza, porque el último es siempre mejor que el anterior, y lo será, hasta que lo supere otro nuevo. Porque avanzamos paso a paso, tropezando con piedras que ni siquiera sabíamos que estaban ahí, y mucho menos intuíamos  Mejoramos cada vez que fracasamos, somos mejores, tenemos una nueva historia para contar, y una nueva para superarla. 

Y paso a paso, vamos formando nuestra propia realidad, nuestro cuento de hadas que no tiene porque ser tan fantasioso; nos vamos alejando de lo idílico que era el pasado en nuestra cabeza, y adentrándonos en un pórtico oscuro, sin definir, lleno de sombras que, paso a paso, se van iluminando. Puede ser aterrador, pero quien diga que no le seduce lo aterrador, miente. Quizás por eso nos embarcamos en situaciones que nos sobrepasan; porque nos dan miedo, y necesitamos nuestra dosis de pequeños infartos para seguir adelante, o para respirar con tranquilidad al lograrlo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario